Crítica de 28 años después: El templo de los huesos

Crítica de 28 años después: El templo de los huesos

La enésima película de zombis con temas que has visto mil veces mejor tratados en otras historias.

Calificación: ⭐⭐

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Enero no suele ser un buen mes en la industria del cine, que suele volcar los restos como quien tira la basura por la ventana. Y no es que 28 años después: El templo de los huesos sea la peor película que me vaya a comer en 2026, pero una vez más comete el pecado de la mediocridad. De no emocionar ni para bien ni para mal, de que ocurran cosas, tampoco muchas, pero estas no importen en absoluto o te suenen manidas.

Porque si la película fuera atrozmente mala, al menos sentirías algo y escribir sobre ello no se convertiría en un agujero negro exento de sensaciones y esa noción de que estás redactando esto como los deberes del colegio. Eso hace que me vaya a esforzar lo mínimo, como todos los de la película, excepto Ralph Fiennes.

El género de zombis camina hoy día como sus protagonistas y Alex Garland, que no es santo de mi devoción, ni comprendo cómo algunos lo tienen como un genio (Devs no está mal, pero en todo lo demás, no hace más que un pastiche con lo más sobado de cada género que toca) no levanta una película que, básicamente, es caminar hacia ninguna parte acompañando unos personajes tan poco interesantes y tan manoseados como los sucesos que les acontecen.

Tenemos un mesías oscuro y su pequeño culto de Jimmys que solo hemos visto mil veces en historias del género, tenemos una relación hacia ninguna parte entre un zombi y el doctor, un Ralph Fiennes que hace lo que puede con lo que le dan, pero que tampoco resulta especialmente interesante en sí mismo, la verdad.

No tenemos mucho más, excepto escenas forzadas y violencia gratuita que te deja indiferente, en acontecimientos que también hemos visto otro millón de veces. Y todo eso discurre sin sorpresas de ninguna clase. Que no es necesario que las haya en una historia, pero en un género tan ordeñado ya, no estaría mal que hubieran optado por algo así, porque si hemos de depender de los personajes desdibujados o los lugares comunes que visitan (tanto en localizaciones como en sucesos), vamos listos.

Al final, acabas como los zombis de la historia, muerto en vida, pero de aburrimiento, porque tampoco parece que las acciones de los personajes importen demasiado o vayan a tener alguna huella. Ni las pequeñas como las del crío, ni las supuestamente más importantes, como esa especie de cura del doctor.

Toda una pandemia que destruye Gran Bretaña y resulta que todo estaba a una pastilla, una sola, de arreglarse.

Pero es que eso tampoco importa, porque todo sigue igual tras el hallazgo, como tú te quedas igual y luchando por recordar algo que te haya dejado alguna mínima impresión.

Meh de nuevo y mención especial a esa escena final metidísima con calzador y que debería hacerte sentir algo, pero en realidad estás cogiendo la chaqueta para salir corriendo, como los infectados de la película, en cuanto salga el primer título de crédito.

LO MEJOR

El videoclip musical de tres minutos.

LO PEOR

Va por todos los caminos más trillados del género, con el tratamiento más tópico y el desarrollo más aburrido.