Crítica de Hamnet
Excelente película sobre la pérdida y el amor, con un tercer acto magistral.
Película agradable con algún detalle, pero que se queda en una postal de Japón que no extrae toda la sustancia del tema ni el lugar.
Calificación: ⭐⭐⭐
El año sigue por los senderos de la medianía con Rental Family, donde Brendan Frasier es un actor en Japón que tiene que trabajar para una empresa que contrata a figurantes para hacer de amigos, padres y personas ficticias que rellenan los enormes huecos de soledad de la vida actual. Especialmente en Japón, pero no nos engañemos, porque esa vida te separa quirúrgicamente de los demás en todas partes, y ahí está el mercado para cubrir ese hueco.
Y la historia no está mal, aunque un poco vista y sin la mala leche de otras visitas al tema como Familia de Fernando León de Aranoa, por ejemplo.
Ese oficio sin mucho más que destacar se traslada a la forma de contar y rodar, en muchas ocasiones como si fuera un anuncio del Ministerio de Turismo de Japón. Lo mismo ocurre con las actuaciones y también con la escritura, que es decente y con algún par de sorpresas, lo que la hace agradable, pero poco más y sin destacar especialmente en nada.
Porque el problema es la superficie, que es por donde se quedan nadando las emociones y el argumento, el cual apenas tiene dobleces y decide discurrir casi siempre por lo que esperas. Lo que pasa es que la falta de profundidad de esas emociones hace que estas parezcan más manufacturadas que sentidas, intentando creártelas a ti también de una forma un poco tramposa, pero quedándose de nuevo a medio camino de conseguirlo.
Así, ni sonríes mucho ni lloras apenas, además de que sabes lo que va a pasar con la niña, sabes lo que va a pasar con el anciano, sabes lo que va a pasar con el protagonista…
Esa falta de emoción se transmite a la escritura de esta reseña, porque todo es pulcro como las fotos de Ikea, pero también aséptico en muchas ocasiones, donde se recurre a lo fácil y se obvia lo difícil, dando resoluciones con un volumen emocional bajo (como la de la niña y Fraser), no sea que nos metamos en el jardín espinoso que son las relaciones y emociones de verdad.
Personalmente, he de comentar algo que me chirría, el hecho de que el personaje de Brendan Fraser encarna a un típico salvador blanco que, al parecer, enseña a sentir a los japoneses, tan cerrados ellos a la hora de las relaciones. En fin, que la de Fraser es la manera «correcta» de sentir y expresarlo y los pobres orientales están por civilizar emocionalmente.
Pero bueno, que no está mal, en serio. Un poco meh si acaso, dos estrellas y media que redondeadas suman tres, pero superficiales, un poco vacías de esencia, como la película en sí.