Crítica de Nosferatu

Crítica de Nosferatu

Robert Eggers se marca una de las mejores de 2024 en el tiempo de descuento. Puro arte visual, aunque narrativo no tanto.

Calificación: ⭐⭐⭐⭐

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No soy fan de Robert Eggers, vaya eso por delante. The witch me dejó indiferente y The north man medio dormido, pero su visión artística y su empeño en hacer lo que quiere es encomiable.

Y Nosferatu es arte.

Hay (había) un canal de Youtube sobre cine que dejó de subir vídeos en 2017 y se llamaba Every frame is a painting (Cada fotograma es un cuadro) y creo que pocas cosas definen al Nosferatu de Eggers mejor que esa expresión.

La ambientación, el diseño de producción y la dirección hacen que los fotogramas de esta película sean cuadros en movimiento. Unos que beben del gótico original de Drácula y de aquella visión del expresionismo alemán del primer Nosferatu.

Desde esa perspectiva es excelente, la obra de un artista de verdad. Y debo confesar que, dados los antecedentes y la relación de Eggers con el ritmo, iba dispuesto a aburrirme algo más, pero no. Quizá es algo larga, pero es apreciación personal y manía pura.

No todo es oro, pero sí algo que celebrar en la cartelera actual. E incluso, aunque no me hubiera gustado, me alegro y valoro cuando un artista intenta hacer lo suyo y se limpia el culo con las notas de producción del estudio, del comité de marketing o de quien decida descafeinar películas e historias, creyendo que el público es idiota y contribuyendo a que lo sea con el atontamiento extremo de la mayoría de títulos estrenados.

En cuanto a la historia, poco. Si has visto el Nosferatu original, que era una copia de Drácula cambiada para no pagar derechos, ya sabes lo que vas a ver. De hecho, algunos planos e ideas son calcados o muy similares, como los desfiles de ataúdes, las ratas, la subida por la escalera….

En realidad, Eggers opta por coger personajes de Drácula y Nosferatu, mezclando lo que cree necesario para contar la historia que desea. No obstante, nada nuevo que señalar en ese aspecto, ni licencias, ni desvíos, ni reinterpretaciones, te vuelve a contar Nosferatu con un par de variaciones en sus protagonistas y, si quieres algo nuevo, este no es tu sitio.

Del mismo modo, olvídate del romanticismo de Coppola. Aquí sólo hay instintos primarios, animalidad, represión, carne podrida y oscuridad.

Como curiosidad, si vas a menudo al cine, compruebas que es imposible abstraerse de las modas y, especialmente, de los actores de moda. Sueles ver a los cuatro mismos en el candelero una y otra vez y, tras un tiempo, desaparecen como si la tierra los tragara y son reemplazados por otro grupo de actores del momento, antes de que estos también sean masticados y escupidos por la industria.

Así, dos de los protagonistas, Nicholas Hoult y Aaron Taylor-Johnson, ya aparecieron por aquí hace nada (En Jurado número 2 y Kraven, respectivamente). William Defoe hace de William Defoe, Bill Skarsgård vuelve a ser otro monstruo inquietante tras It con el conde Orlok, mientras que Lily-Rose Depp (sí, la hija de Johnny Depp) demuestra que la tradición de nepo-babies sigue saludable en el cine y que el arte siempre fue cosa de privilegiados, aunque nos lo vendieran como de bohemios.

Poco que decir de las interpretaciones cuando están dobladas, pero otra moda bastante molesta, que parece haber tomado por asalto las películas de terror, es el plano fijo sobre la actriz principal y una escena incómodamente larga, en la que grita y gesticula exageradamente como reacción a algo horrible que sucede (Sydney Sweeney en la escena final de Immaculate, Nell Tiger Free en La primera profecía y Depp aquí).

Crear inquietud desde luego que la crea, si es la correcta, si aporta algo o si es testimonio de la calidad de la actuación es otro tema. En definitiva, meh

Y si te pasa como a mí, que Eggers no te encaja mucho, obviamente te van a chirriar sus dejes habituales, que encantarán a los fans de su estilo. Quitar la saturación, bajar el brillo y subir el contraste hace que la película tenga un tono Zack Snyder que, en este caso, le pega y contribuye a esa obra de arte, pero en algunos instantes se pasa varios pueblos. Hasta la calidad de imagen sufría un poco en ocasiones, al menos en la pantalla en la que la vi.

Y luego está … la cacofonía. Constante.

El uso de ruidos chirriantes e inquietantes a un volumen elevado para crear ambiente tenebroso e inquietante. Como viejo gruñón que soy, al rato me parece más enervante que terrorífico, más ponerte de los nervios y distraer, que contribuir al ambiente. Tampoco entiendo el uso de varios sustos de baratillo gratuitos, con el recurso gastado de imagen súbita y ruido fuerte. De nuevo, meh.

Otra decisión artística curiosa es ese mostacho cosaco en Orlok, que supongo que tendrá siempre manchado de sopa de sangre.

Detalles y gilipolleces aparte, porque es lo que son los párrafos anteriores, Nosferatu es la visión de un artista no comprometida por nada. Y eso es raro y valioso. Creo que está teniendo buena acogida y me alegro, de hecho, el cine estaba mucho más lleno de lo que suele estar a las horas que frecuento.

La semana que viene seguro que me como otra mierda de Marvel o el enésimo churro Disney. Y en esa competición constante por arrancar cualquier atisbo de alma y originalidad a la mayoría de lo que se estrena, echaré de menos quejarme de un mostacho.

LO MEJOR

Es, simplemente, una obra de arte visual, una gozada, pintura en movimiento, ambientación excelente y la revisitación de un clásico por parte de un artista.

LO PEOR

Detalles y manías, que tienen que ver más con neuras propias que con la película. En algún momento el ritmo es irregular y sigue las huellas de la original sin salirse, con lo que la propuesta narrativa se queda muy lejos de la visual, en una historia que conoces de sobra.