Crítica de Mickey 17
Una premisa interesante que se cae por el precipicio conforme avanza su (larga) historia incoherente
Gore canalla y serie B para un entretenimiento más trabajado de lo habitual en estética, aunque no en historia.
Calificación: ⭐⭐
Antes de nada, las dos estrellas son en realidad dos y media, y no sabía si redondear hacia arriba o hacia abajo, pero al final es más bien hacia abajo, aunque ya me dirás qué importa media estrella de otro tío en Internet dando una opinión que nadie le ha pedido.
Como tampoco importa la historia en The monkey, porque no es más que una excusa hecha de papel de fumar para envolver poco más de 90 minutos de gore gamberro, tripas y sangre tan al estilo The boys y similares, que parece estar de moda.
Un poco demasiado de moda, sobre todo, para ocultar que debajo de las toneladas de joder y hemoglobina, no hay nada más.
En ese sentido de divertimento sangriento, creo que cumple, aunque para mí algo raspado, porque me aburrió un poco en ocasiones, ya que algunas escenas entre muerte y muerte se arrastran por una historia inane. Esa historia no importa en realidad, dos hermanos que se encuentran con un mono que, cuando le das cuerda, causa muertes, cada cual más estrambótica y ese es el verdadero leit-motiv de la película, ver cómo será el siguiente destripe y si supera en exageración al anterior.
Y ya está.
Mi yo adolescente del Peter Jackson de The feebles o Braindead se regocijó un poco, pero enseguida se cansó, demasiado visto, demasiado transparente la excusa.
No tenía ni idea de esta película y en el cartel la promocionan como basada en un cuento de Stephen King, un autor que reconozco que nunca me ha llamado mucho. Pero vamos, como con el resto de la película, el relato es una excusa para poner el nombre del escritor y la atmósfera inquietante de King se cambia por un escenario de humor negro, sangre y excusas flojas para lo que ocurre.
Que supongo que nadie las quiere cuando va a ver algo así y mejor, apagas el cerebro y te dejas llevar sin pensar en lo inverosímil de todo.
La serie B chorrea por todas partes, especialmente en esa textura noventera de VHS que impregna la película. Al menos, Osgood Perkins, escritor y director, le ha puesto más ganas y cinematografía de lo habitual a los cuatro duros, cuatro actores y cuatro escenarios de la película. También cierto tono surrealista que le pega, porque se trata de no pensar sobre lo que ocurre, sino dejarse llevar por las sensaciones y volver a aquellos noventa. Si acaso, la paleta nocturna orange and teal es una elección poco original que se ha repetido hasta la nausea en los últimos años, pero es cierto que sirve para elevar un poco el tono de la película.
Perkins tiene más maña en esa dirección que en el guion, pero sí, ya sé, ¿qué importa el guion y por qué me empeño?
Poco más que decir, entretiene y ya. A veces hasta te saca media sonrisa perezosa, pero no provoca emociones más hondas, para bien o para mal, algo que creo que queda patente en esta reseña que tampoco es ni fu ni fa, como The monkey.
Si te gusta el rollo, no creo que te decepcione, siempre que dejes las expectativas y el cerebro en la puerta.