Crítica de Aún estoy aquí
Una película dura, que transmite lo descarnado de la situación mediante una interpretación magistral y calmada. Una rareza.
Una premisa interesante que se cae por el precipicio conforme avanza su (larga) historia incoherente
Calificación: ⭐⭐
Éramos cuatro personas en la sala: yo (el burro delante para que no se espante), mi amigo con el que voy al cine desde ni me acuerdo y una pareja cargada de gominolas y refrescos, que no tenían mucha pinta de saber dónde se metían.
La pareja se marchó a los veinte minutos, lo que tiene su cosa, porque el primer acto de la película es el más interesante con diferencia.
La premisa promete. En un futuro distópico, un perdedor sin habilidades ni más oficio que la ruina accede a ser un prescindible. Una persona hecha para morir y reimprimirse porque la muerte ya no es excusa para no ir a trabajar al día siguiente. El sueño húmedo de los despreciables.
Con esos mimbres, Mickey Barnes se embarca en un viaje espacial de colonización, liderado por un Mark Ruffalo y una Toni Colette a los que le toca bailar con los (papeles) más feos, una parodia burda de Trump y señora que resulta insoportablemente histriónica.
Aquí entran mis neuras, pero como esta es la casa de mis manías… La vi doblada y no sé si Pattinson o Ruffalo ponen voces de idiota parecidas a la versión en español, quizá sí, pero me resultaron un tenedor rascando un plato, especialmente la de Mickey, que parece literalmente un idiota.
Está claro que el personaje es así y diecisiete Mickeys lo demuestran siendo perdedores que rozan la educación especial, pero el 18 sale serio, inteligente y violento… y hablando como una persona normal.
¿Por qué? Buena pregunta, pero hay una mejor, ¿qué importa?
Esta es una historia donde todo el mundo es como es y hace lo que hace solamente para contar lo que se quiere contar contra viento y marea, qué más dan la coherencia o la lógica.
El problema de una historia interesante en su comienzo es que no se molesta en desarrollarse orgánicamente, sino que se fuerza y estira para que quepa en primer plano una crítica de brocha gorda al autoritarismo, el capitalismo, el colonialismo y otro ismos.
Que me parece genial, pero cuando lo haces con trazo tan grueso (hasta teniendo en cuenta cómo se narran las historias y se comportan los personajes en las historias asiáticas, incluyendo el surrealismo de Bong Jon-Hoo como pasaba en Snowpiercer), ni cala ni conecta.
La ridiculez general hace que esos golpes a lo que lo merece no sean graciosos como sátira ni acertados como crítica. Ruffalo es Trump y todo eso, pero precisamente con más razón el bufón de la película no encaja en forma ni tono. Ahora que vemos la negrura de semejantes seres en la realidad, el disparo se va por kilómetros y de todas formas es de fogueo.
En fin, crítica con la profundidad de un charco y tan irreal que te vuelve indiferente.
La película dura dos horas y diecisiete minutos, me pregunto para qué.
El segundo acto se arrastra y el tercero es directamente un desastre, dando mil vueltas para llegar a casi ningún sitio y rompiendo la lógica por las costuras.
Un ejemplo de los mil que hay es la amenaza de hacer explotar a Mickey(s) como no se ponga a hacer lo que le encomiendan al salir de la nave en el acto final. Por supuesto, se pasa tres horas sin hacerlo y nadie pulsa el botón, además de empezar a comportarse como una cosa y su contraria porque ha de llegar al clímax que se desea.
Me hace gracia (gracia ahora, durante la proyección era otro tema) el tiempo durante el que se arrastran cosas inanes (el asunto con Mickey de la chica que pierde a su pareja previa en una misión, la trama secundaria con el amigo y el dinero que debe…) y que luego no acaban en nada relevante o interesante. Y sin embargo, en los últimos seis minutos corres a explicar mil cosas en una especie de epílogo que, por seguir la línea, también te rompe el ritmo encajando en medio una especie de ensueño/pesadilla que tampoco pinta ni aporta.
La resolución sigue la línea del sinsentido, un deux ex machina de manual donde personajes que no se han nombrado, apenas han aparecido ni sabemos quiénes son o qué pintan exactamente, realizan el acto clave en el momento que precisa el argumento… En serio, no sé quiénes eran esos o lo que hacían, quizá porque desconecté, quizá porque el desarrollo de esa clave se tuvo que quedar en la sala de montaje para hacer sitio a otras cien escenas a ninguna parte.
En el tercer acto hay un montón de aliens que rodean la nave y dan vueltas y vueltas, van allí a berrear, sin hacer nada o influir en nada real tampoco. Una excelente metáfora de la historia.
Una pena, querría que me hubiese gustado y empieza bien. Y supongo que gran parte de señalar tanta cosa con el dedo en esta reseña viene de ese deseo frustrado, porque claro, es mejor que mucho de lo que se estrena. Pero Mickey 17 tropieza enseguida y no solo no se levanta, sino que sigue cayendo dos horas por un terraplén sin que nadie la pare.