Crítica de Mickey 17
Una premisa interesante que se cae por el precipicio conforme avanza su (larga) historia incoherente
Un thriller efectivo que consigue todo lo que se propone con una buena ambientación y actuaciones excelentes.
Calificación: ⭐⭐⭐
Cuando la escuela dominante de actuación en el cine y la televisión española es parecer que lees de un papel, que además no suele tener gran cosa escrita, La infiltrada es un soplo de aire fresco. Es una Carolina Yuste que te la crees, un inquietante Diego Anido que despliega una sombra siniestra como en As Bestas y un Luís Tosar que, bueno, sabes que no te va a fallar. Acompañados de otros camaleones como Víctor Clavijo, es complicado jugar con mejor equipo el partido.
Ellos levantan (en ocasiones un peso muy pesado) y elevan la película, un thriller dramático ambientado en la España de los 90 y un País Vasco manchado de sangre derramada por ETA.
Días contados o El lobo, con un Eduardo Noriega que también hace de infiltrado, ya pisaron por esos temas, pero La infiltrada tiene a su favor que te crees mucho más que los personajes son lo que dicen ser. Así, suspendes la incredulidad como tiene que ser en una buena historia y te implicas en un thriller que sabe disimular sus limitaciones y maneja bien la tensión.
Pero no porque lo haga de manera original. De hecho, las escenas encargadas de provocarla son lo más sobado que has visto mil veces en historias de espías o infiltrados, y tu parte racional sabe que no va a pasar nada (o la película terminaría), pero el estómago permanece encogido porque, insisto a riesgo de ser pesado, cuando te crees lo que ves en pantalla, te dejas llevar y la emoción también viene a mirar.
Todo esto da cuenta de lo importante que es la ejecución de las ideas, unas que, en este caso, se dejaron la originalidad en casa sin intención de traerla en ningún momento.
Y eso también dice cosas positivas de la dirección de Arantxa Echevarría y no solo del guion, un material sólido, que de nuevo queda muy elevado por encima de su nivel por quienes han corrido con él hasta la línea de gol.
En ese sentido, la película funciona bien como thriller, pero no es lo único.
Si das un paso atrás, compruebas que no parece tener muchos medios, pues son un puñado de actores en un puñado de localizaciones, que han llenado de pancartas y pintadas que los disfracen de aquelllos tiempos. Pero ese es precisamente otro mérito, que con saber hacer e imaginación puedes compensar la falta de euros… Y que todos los euros del mundo no son garantía de lo anterior.
Ejemplo, Marvel y compañía, junto a buena parte de las películas sobre las que escribo aquí.
Pero en La infiltrada, con unos coches de la época y poco más, han conseguido el viaje en el tiempo. No vas a tener grandes escenas de acción o montajes de enfrentamientos masivos, kale borroka o manifestaciones, pero ni falta le hace, porque es la historia (real más o menos) de una mujer infiltrada durante años en ETA.
Lo que ocurre y por donde discurre es esperable, quizá un poco demasiado, así que tampoco hay giros o se basa en el efecto sorpresa. Mejor, porque eso restaría realismo a la historia, que es otro de sus puntos a favor.
En definitiva, una buena película y unas excelentes actuaciones que, fácilmente, añaden una o dos estrellas al conjunto.
Perfecto no hay nada y, a pesar del esfuerzo descomunal de los actores, los personajes que les han construido no están a la altura de la interpretación, lo que añade aún más mérito a lo que han hecho con ellos.
En general, el fallo principal son las motivaciones.
Las de la protagonista para hacer algo como lo que hace, por ejemplo, se las escribieron en un post-it y las declara ella en una frase tan débil como poco creíble. Pero esa falta de complejidad y dobleces, al menos, queda compensada por los matices que Carolina Yuste aporta.
Lo mismo ocurre con todos los demás. Uno de los etarras es el típico joven ideologizado al que le hierve la sangre por actuar y el otro es poco menos que un psicópata violento, acogido a esa ideología como lo podía haber hecho a la banda de Tony Soprano si hubiera llegado primero.
Dos tópicos, en definitiva.
Tosar como jefe de policía también es de motivaciones con profundidad de charco, porque esa escena de lo de la supuesta competencia con la Guardia Civil metida ahí con el calzador del nueve… En fin.
Por supuesto, cuestiones políticas, sociales o profundización en los temas escabrosos, junto a las mil zonas grises a explorar de policías y etarras, ni están ni se les espera, más allá de pintar por encima con brochazos gordos simples y a correr por el monte.
También es cierto que la historia es principalmente thriller y luego drama personal, lo que ayuda a esquivar alambradas en las que quedarte enganchado, pero que dejan regusto a simplicidad.
Esta historia se podría haber caído fácilmente al pozo de lo olvidable en otras manos, pero actores y dirección han sacado un cierto oro de la mina de latón que les pusieron delante.
Y ese es un mérito gigantesco, un testimonio de cómo la ejecución es más importante que la idea, especialmente, a la hora de contar historias.