Crítica de Gladiator 2

Crítica de Gladiator 2

Infumable secuela sin sentido, con una historia y efectos que hacen reír por los motivos equivocados.

Calificación:

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Si tus tres primeras películas son Los duelistas, Alien y Blade Runner, pues ya está. Te has pasado todas las pantallas del cine y vencido al jefe final a la primera.

Te has ganado un lugar en el Olimpo y qué más da lo que hagas después. Ese es el poder del arte verdadero.

Ridley Scott no tiene nada que demostrar y, con sus más de 80 años, si quiere morir creando y sacándole el dinero a Hollywood para hacerlo, yo le aplaudo. No se me ocurre mejor manera de vivir ni de terminar.

Así que nadie tiene que decirle a Scott que pare, sino todo lo contrario.

Pero a lo mejor alguien sí tiene que decirme a mí que pare de ir a ver sus películas, porque Gladiator 2 es un sinsentido capaz de crear una sola emoción: la risa floja en los momentos inoportunos y por los motivos equivocados.

No nos queda originalidad, niño, sólo tratar de colarte lo mismo

No hay ni por dónde coger una película que, para empezar, es un calco de la primera en todos sus pasos de baile y protagonistas, pero muchísimo peor. Con suerte, como hace 24 años y nos han dejado la memoria como al pez aquel de Nemo, pues igual ni te das cuenta.

Como si fuera el sueño de un borracho viendo doble, el personaje principal es el mismo que en su predecesora, solo que duplicado en Pedro Pascal y Paul Mescal, pero sin ninguno de sus rasgos redentores.

Lo mismo ocurre con el antagonista, donde los amaneramientos inquietantes de Joaquim Phoenix se desdoblan en dos emperadores que parecen Sam Gamyi en Crepúsculo. Y como son irritantes, pero nada amenazantes, hay que poner a un Denzel Washington que pasa por allí con la mano extendida para cobrar y poco más, cosa que admiro.

Todo comienza y discurre como en la obra original: una batalla, la caída en desgracia, el ascenso inverosímil dentro de los gladiadores (los duros veteranos obedeciendo enseguida al protagonista recién llegado… Ok, lo que tú digas, al fin y al cabo, es lo menos increíble). Y luego el desenlace previsible y anticlimático, a juego con todo lo que ocurre en la película.

No nos quedan personajes, niño, sólo caricaturas

No puedo decir que el engendro no avisara desde el principio, porque la vergonzante pelea con esa especie de macacos-perro, copiados y pegados desde una Playstation 1, dejan claro el tono y el cuidado puestos en general.

A partir de ahí, la batalla más dura de la película es por ver qué es lo peor de ella. Si una historia hecha de agujeros que necesita coincidencias como camiones para que discurra (y aun así no encaja) o detalles como esos grabados romanos en piedra escritos en inglés porque viva América y qué más da todo ya.

Cosas para reír por no llorar los ocho pavos y medio que derramé en la entrada.

Si los protagonistas y antagonistas tienen la profundidad de un charco, qué decir de los comparsas y sus motivaciones. Esa tópica madre leona, que hará lo que sea por su hijo, excepto, no sé, ¿haberle escrito una carta en más de veinte años? ¿Haberle visitado o haberse preocupado de dónde estaba cuando lo mandó lejos para salvarlo?

Porque nadie lo secuestra ni nada parecido, lo manda ella donde cree que estará a salvo y luego se olvida de él unas cuantas décadas. Pero hey, cómo te quiero ahora que has vuelto y cómo haré lo que sea por ti, como sacrificar a Pedro Pascal para que deje de poner esa cara de mustio que no sabe qué hace allí.

Pasión de gavilanes

Luego, por supuesto, llega el giro de telenovela. El «yo soy tu padre» más desesperado de la historia, con tal de conectar con la primera parte y que esta le conceda algo de su aura al despropósito.

Pero en realidad, ocurre al revés.

En realidad, ni te enteras, porque la canción dirá que «veinte años no es nada», pero la película espera que sean suficientes como para no acordarte de lo que te gustó del a primera. Porque a ver si me aclaro:

¿Me estás diciendo que el personaje de Máximo, interpretado por Russell Crowe, cuya principal motivación de actuación y venganza era la familia, tuvo un hijo bastardo de más o menos la misma edad que el suyo legítimo, dejando caer así que el gran hombre de honor tuvo un affaire contrario a sus valores?

La conversación en aquel campo de trigo bajo el sol del más allá, con los compases de Now we are free, debió ser más incómoda de lo previsto. O a lo mejor todo fue antes de formar una familia aunque los tiempos no encajen, pero quién sabe, el guionista no se ha preocupado de hacer su trabajo y menos lo voy a hacer yo.

Así, no es que la primera preste aura alguna a esta basura, es que la secuela mancha de mierda el legado de la original y a su personaje principal, el de fuerza y honor, excepto para algunas cosas, por lo que parece, pillín.

Al final, Gladiator 2 es uno de aquellos DVDs de mercadillo que trataban de colarte una copia cutre de la película del momento, pero hecha con dos duros.

Aquí hay más de dos, pero ninguno empleado en escribir una historia con un mínimo sentido.

LO MEJOR

Te ríes un par de veces y te quedas ojiplático otro par, pero no por lo que esperas.

LO PEOR

Que hubo un guion lisérgico de Nick Cave, en la que Máximo era resucitado por los dioses del Olimpo para matar a Jesús o algo así, y detener la expansión del cristianismo. Y luego, Russell Crowe viajaba en el tiempo por distintas guerras, como la de Vietnam o la Segunda Guerra Mundial... Y sin embargo, estamos en la línea temporal en la que se eligió rodar esto...