Crítica de Zootrópolis 2
Una basura aburrida exenta de cualquier rastro de imaginación, originalidad o vida. Para esto, que lo haga la IA.
Thriller entretenido, pero al que le cuesta quitarse la capa de melodrama televisivo de tarde.
Calificación: ⭐⭐⭐
Comienza el año por el camino de en medio con La asistenta, un thriller que se eleva por encima de la típica película de sobremesa en Antena 3 (que no sé si sigue existiendo), pero lo cierto es que tampoco demasiado.
Creo que está basado en un best-seller o algo así, y lo cierto es que tiene bastantes dejes de ese tipo de libros que, en este caso, no le hacen demasiados favores.
No obstante, no está mal. Si vas y desconectas el cerebro, especialmente de cara a la consistencia de lo que ocurre o no tratas de adivinar los giros (demasiado telegrafiados en algunas ocasiones), pues entretiene.
Los medios no son muchos, pero tampoco los necesita: una casa pija, un puñado de actores y alguna que otra localización adicional igual de pedestre, con lo que la película debe ser llevada por los actores y la historia… y ahí es donde comienzan las irregularidades.
Sobre los actores, Amanda Seyfried se echa toda la película a la espalda y no hay duelo alguno con su partenaire, una Sydney Sweeney cuyo registro se queda muy limitado a su eterna mirada aburrida, por decirlo elegantemente.
Sin entrar en spoilers, aunque esto lo sea un poco en esencia, la historia se sostiene sobre los giros de guion, un recurso que puede estar bien, pero que aquí es constante para hacer avanzar la historia. Y no están del todo mal en conjunto, pero algunos los ves a kilómetros y otros, aunque no sea así, dan cuenta de que no se han devanado mucho los sesos.
Eso también crea un cierto problema. A fin de mantener esos constantes giros y el shock value que dicen los americanos, las inconsistencias, imposibilidades y agujeros de guion comienzan pronto y, como en una especie de bola de nieve, se agrandan hasta lo imposible, como en el caso de la policía o la resolución final.
Y eso que, con cinco minutos pensando, podrías haber tapado (o reducido) esos agujeros, policía incluida (cambias la cuchilla por un objeto contundente y arreglado).
Del mismo modo, esos giros son irregulares. Algunos están bien y añaden, pero otros son el giro por el giro, para que trates de mantenerte en la historia y no en el móvil.
Pero bueno, al menos la película se mantiene raspando por encima de una línea que hace que perdones un poco (solo un poco) los agujeros en el casco del barco.
La película dura dos horas y pico cuando en noventa minutos podría haber quedado más redonda. Lo que ocurre es que la historia no tiene confianza en el espectador y lo da todo mascado, con explicaciones profusas de lo obvio o esa reconstrucción de todo lo ocurrido con Seyfried, por ejemplo, que resulta claramente redundante para cualquiera que haya puesto dos neuronas a la tarea de estar mínimamente atento.
Lo que pasa es que eso parece mucho pedir hoy y la película recopila y explica todo, no sea que te hayas perdido detalle, aunque lo acabes de ver claramente hace un par de escenas. Eso hace que sobre exposición por todos lados y aumente el tedio.
Pero bueno, que no está mal. Si quieres algo con lo que pasar el rato y te van los thrillers de sobremesa (cuyo tufillo de telefilm no puede quitarse) o las historias típicas de esta clase de best-sellers, esta no es la peor opción.
Puedes ponerla de fondo una tarde y no te perderás nada, porque te lo explicarán varias veces, tranquilo. Tres estrellas que son más bien dos y media, pero como salió cara, el redondeo también salió hacia arriba.